III José Arrue. La estética de lo útil, por Amaia Mujika Goñi
José Arrue (III) La estética de lo útil
La faceta de José Arrue como artista que plasma sus trabajos en edificios, decorados para obras de teatro o en piezas de cerámica, pone colofón a la trilogía que la autora ha dedicado a este prolífico y multidisciplinar pintor
Un reportaje de Amaia Mujika Goñi Fotos Euskal Museoa y SAF
José Arrue Valle es miembro de la generación que a principios del siglo XX modernizó el Arte Vasco. Un artista de su tiempo que paralelamente a su proyección pictórica dirigirá parte de su creatividad a lo útil, una práctica que tuvimos la oportunidad de intuir al tratar su faceta gráfica y que se hace patente en su relación con las artes aplicadas, un amplio abanico de procedimientos en los que conjugar estética y utilidad.
En la Europa de entreguerras, y abiertamente a raíz de la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industrias Modernas celebrada en París en 1925, las artes aplicadas o industriales irrumpen en la vida cotidiana reivindicando una determinada manera de vivir rodeada de objetos utilitarios, estéticamente bellos, fabricados bajo la premisa de la modernidad. Son los años del Art Déco, un estilo que combina fuentes e influencias diversas y cuyo afán decorativo se impone a todos los órdenes: los paramentos en la arquitectura, el diseño de interiores y la estética de los objetos. Mientras tanto en este País, el crítico Juan de la Encina, seudónimo de Ricardo Gutiérrez Abascal, tachaba a la industria artística española de falta de iniciativa, originalidad y gusto, afirmando que, en un sentido estricto, se podía asegurar la inexistencia de las artes industriales con la excepción de algunos artistas solitarios abandonados a su suerte. Inmersos en esta atmósfera, pero también al tanto del vanguardismo parisino, los hermanos José, Ramiro y Ricardo Arrue participaran en la exposición internacional con su obra. Los dos primeros integrados en la representación oficial del País Vasco continental que participaba con una Oficina de Turismo regional (DEIA, 9-XII-2017) obra del decorador Benjamín Gómez y un equipo interdisciplinar de artistas y artesanos entre los que se encontraban los dos Arrue con sus panneaux Trabajadores del campo y Fandango, alzándose ambos con galardones de plata y oro. Paralelamente Ramiro y Ricardo, integrados en el grupo del pintor Daniel Vázquez Díaz, dentro de la representación española, asistirán con cincuenta esmaltes decorativos recibiendo por ello una mención de honor.
ESCENOGRAFÍA José se inicia en este campo con su hermano Alberto en 1902 al realizar los decorados de las obras teatrales de Alfredo Echave La Alianza republicana y Lenago il, estrenadas con motivo de la reapertura del Centro Vasco en la calle Bidebarrieta. Cinco años más tarde se ocuparán de la escenografía de la zarzuela Bide Onera del mismo autor y Aureliano Valle. Su faceta de ilustrador de los Cuadros Vascos de Manuel Aranaz Castellanos le designará para ser el autor de la escenografía utilizada por la Cía. de María Gámez en el Teatro Español de Madrid, muy celebradas por la prensa (ABC, 24-IX-1921) y que repetirá en 1926 en los cuadros en vivo que jóvenes bilbainos de la burguesía local representarán con fines benéficos. Una larga experiencia que utilizaría junto a sus amigos, Gustavo Maeztu, Genaro Urrutia y Antonio de Guezala, en la ambientación de las fiestas que la Asociación de Artistas Vascos organizaría en el Hotel Carlton con la participación de lo más granado de la sociedad bilbaina en el invierno de 1927.En la arquitectura bilbaina, en un ambiente de colaboración entre disciplinas los artistas serán invitados a decorar los paramentos y vidrieras de la obra pública y residencias unifamiliares de la burguesía generando una variada e interesante producción, en gran parte perdida o fuera de contexto al desaparecer los inmuebles para los que fueron concebidos. José Arrue se estrena en estas lides en 1912 cuando José Rufino Olaso, futuro marqués de Olaso, le encarga decorar el comedor de su palacio en Trapagaran mientras el gasteiztarra Pablo Uranga se ocupaba de los paños de la escalera principal. Ese mismo año hará su primer dibujo preparatorio para una vidriera con destino a la villa modernista del abogado Enrique Ocio situada en la esquina de las actuales calles Rodríguez Arias y Telesforo Aranzadi que, con forma de arco de medio punto, representaba un juicio en Zeberio con la divisa Júrate, pues?si es verdad? junto con su firma y fecha. En 1919 será contratado para decorar uno de los salones del Club Náutico de Bilbao enclavado en el recién reconstruido Teatro Arriaga tras el incendio de 1914, para el que pinta al óleo un friso decorativo apaisado de cinco paneles con una historieta chispeante de sportman a bordo de sus modernos balandros, autos, sidecar y bicicletas recorriendo el paisaje rural y costero e irrumpiendo en la placentera y ordenada existencia de aldeanos y pescadores.
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Fachada del inmueble de Luis Lerchundi, en Aretxabaleta, 6, Bilbao. |
En octubre de 1936, tras la constitución del Gobierno vasco, el consejero Juan Gracia pide a la Asociación de Artistas Vascos que decoren el Hogar de Huérfanos del Miliciano ubicado en las Carmelitas Descalzas de San José en Begoña. El proyecto decorativo corrió cargo de Alberto, José y Ricardo Arrue, Isidoro Guinea, Tellaeche, Urrutia, Martínez Ortiz, Arteta, Larroque, Guezala, Ortiz de Urbina, Landeta y los escultores Lucarini, Basterra, Huerta y Sáenz siendo realizado en escasos seis meses para seguidamente ser destruido por las tropas fascistas tras su entrada en Bilbao. Esta magnífica y efímera creación colectiva es conocida gracias a los bocetos preparatorios conservados, entre otros los de José y su amigo Antonio Guezala que, responsables de pintar los pasillos, eligieron como tema pictórico la docencia, resultando los tres de Arrue una propuesta sobre los oficios de alfarería, pintura y carpintería, evocando con ello su paso, primero como alumno y después como profesor por la Escuela de Artes y Oficios. En 1943 realizará su última decoración mural en el Balneario de Betelu, a los pies de la sierra de Aralar, donde decorará las paredes del bar, una estancia que aprovechó para tomar las famosas aguas de Dama Iturri. Otra práctica generalizada en la arquitectura de la época será el revestimiento cerámico que promovió la implantación de empresas de azulejería. Arrue trabajará con varias de ellas, caso de Cerámica Alavesa de Agurain a la que facilitará obras pictóricas con destino a paneles decorativos como el que podemos disfrutar en el Café Bar Bilbao de la Plaza Nueva o las reconocibles cenefas de aldeanos en movimiento camino de alguna parte que adornaban los establecimientos de alimentación y tabernas de las Siete Calles. Otra de sus obras conservada in situ aunque en un estado lamentable es el rótulo que le encargó diseñar la Diputación en 1921 para la Estación de Ensayo y Selección de Semillas de Zalla, vitrificado por La Cocina en azulejo fino de la valenciana Casa Bayarri.
La aplicación de su destreza artística a objetos de uso cotidiano ofrece numerosos ejemplos, caso de los abanicos con montura a la inglesa adquiridos, según la memoria familiar, en la Librería Verdes Achirica de la calle Correo y que iluminaba con escenas costumbristas o los cerilleros y librillos de papel de liar que fabricó y pintó durante su prisión en los Escolapios de Bilbao, y que personificaba con las iniciales del destinatario agradeciendo con ello las atenciones y los pequeños/grandes favores recibidos, secundando una práctica habitual entre los que tenían alguna habilidad artística y que generó una gran variedad de pequeños y sencillos objetos que hoy son verdaderos tesoros en manos de sus propietarios. Este caminar de puntillas sobre la trayectoria artística de José Arrue toca a su fin. Esperamos haber cumplido con el objetivo inicial de romper con algunas etiquetas, mostrando al artista en sus cualidades de pintor y en la sencillez y elocuencia de sus otras y variadas expresiones creativas.
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